Retiro familiar Cristo Rey y Adviento

Ambientación:

Corazones de papel entrelazados con el rosario en nudo simple al centro

 

Materiales:

Rosario, Biblia, papel y lápiz-lapicero.

 

Motivación:

Nos encontramos en un paso. Y pascua es paso. Es un momento difícil que abre nuevas perspectivas, nuevos horizontes, abre el camino. Pero también es tiempo de dejar, de lo nuevo, de despedidas y de reencuentro. Lo que estaba se va y lo que viene irrumpe con novedad. La fuerza de este cambio viene como resultado de un camino. Y los pasos no siempre son conscientes. A veces caminamos y no tomamos conciencia del camino sino cuando vemos hacia atrás y cuando saboreamos lo que nos ha llegado. Todo sin embargo, es tiempo de Dios donde actúa la fluidez del Espíritu, de la vida, de la novedad, de la esperanza. Es tiempo sagrado, de conversión, de transformación. Hoy nos preparamos para el paso de Dios: contemplar su gloria y preparar nuestro corazón para su derroche de humildad, para su nacimiento.

 

Invocación:

Espíritu Santo,

eres viento: llévame donde quieras; / eres brisa: déjame respirar lo nuevo; / eres fuerza: levántame del suelo;

eres vida: dame pasión por la vida; / eres alimento: nútreme de tu savia; / eres luz: ilumíname con tus rayos;

eres calor: calienta mi existencia; / eres libertad: hazme libre; / eres fecundidad: cúbreme con tu sombra;

eres agua viva: dame de beber; / eres respuesta: dame fuerza para decir sí / al Padre, al Hijo y a ti, Espíritu Santo.

 

Cristo Rey – dos notas y un énfasis:

>>La historia de la salvación en la iglesia, como camino pedagógico de énfasis celebrativos: el ciclo litúrgico

>>La realeza altisonante, momento del esplendor final como fuerza renovadora del presente que atrae desde el futuro

Las anteriores expresiones son palabras estruendosas de lo que significa un inmenso misterio, es decir, de un regalo divino inasible de otro modo que no sea por puro obsequio de quien lo ofrece, de Dios mismo. Ante todo, hemos recibido el don de la salvación en la cruz; por la muerte ha venido la vida; entonces, la vida solo ha sido un paso a la verdadera plenitud. Lo que él ha experimentado e inaugurado es promesa para nosotros que aún peregrinamos en este valle de lágrimas. Y no lo hacemos solos, sino en comunidad de fe. Y esta comunidad creyente, contemplando el derroche de amor, lo ofrece para enseñar y renovar las fuerzas de quienes caminan, alimentando la fraternidad y renovando las energías.

Ahora bien, el hombre que siéndolo todo, se ha despojado hasta enseñar con su vida el hacerse nada en el servicio fecundo, se muestra ahora en su omnipotencia final: su victoria sobre el mal de forma definitiva, atrayendo hacia sí a todos con la única fuerza del amor expresada en el servicio, en la entrega, en la donación, en la misericordia, en la ternura, en el perdón.

>>El reinado definitivo se dará en el final de los tiempos, pero comienza ahora

Luego se nos preguntará por cómo hemos vivido: ¿hemos amado?: sirviendo, teniendo compasión, perdonando… No habrá otra cosa importante sino la pregunta por lo esencial, por el sentido: ¿viviste en el amor?

El reino del Señor ha comenzado con esa irrupción que trastocó la historia: Dios penetró en la historia y ésta no quedó igual. Hay sentencias irrevocables: la muerte ya no tiene la última palabra, y a todos se nos han abierto las puertas de la esperanza, porque no estamos solos y Dios dirige la historia atrayéndonos hacia sí por la fuerza de su amor. Pero, esto no se consumará sino hasta el final de los tiempos cuando venga definitivamente el Señor, y lo reconcilie todo.

Él empieza a reinar en nuestros corazones cuando nosotros lo permitamos; de esta forma se va instaurando, desde ya, el reino en nuestros ambientes y entornos. Al final será entonces la consumación de lo que hemos venido viviendo, porque nadie da saltos de la nada; por eso la importancia del camino y de la conversión.

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Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, porque Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

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http://es.catholic.net/op/articulos/12380/cat/725/preparate-para-la-fiesta-del-rey-del-universo-fiesta-de-cristo-rey.html

Adviento camino de celebración porque ya nada es igual

>>Lo grande hace volver hacia atrás a revisar lo vivido

Cuando nos ha sucedido algo inmensamente grande y hermoso es cuando tenemos la oportunidad de re-vivir lo vivido. Porque se nos abre la mente y el recuerdo a contemplar hacia atrás lo que pasó, y cómo nos sucedió. En medio de la tragedia estamos impelidos de contemplar las acciones salvíficas, pero al superarlas o al sentirnos salvados podemos mirar lo que ha pasado. El pueblo de Dios al ser liberados (Éxodo) comenzó a revisar la experiencia del don de Dios y la tragedia de su pecado (Génesis), sin embargo, es desde la experiencia de salvación, cuando se siente la fuerza del paso de Dios que salva, y que nos hace también pasar a algo nuevo y mejor, cuando podemos ver con claridad, porque lo re-visamos, lo volvemos a ver, con más claridad, con más esmero.

El milagro de la redención en la victoria sobre la muerte en la cruz nos hace pensar hacia atrás en el que ha nacido. Pero el misterio del nacimiento es al mismo tiempo tan grande que nos hace volver atrás y prepararnos en etapas pedagógicas para experimentar con mayor degustación el regalo que recibimos. Hacemos un camino hacia atrás y preparamos un itinerario, pasos, para hacer la experiencia de la acción salvífica en cada momento, es decir, un camino de preparación.

>>El sí pero todavía no de la presencia salvadora de Dios

El adviento, también llamada pascua florida, porque la historia grande se dio porque se dio esta pequeña transformación definitiva y sin precedente: Dios decidió entrar a la historia y transformarla, y luego no quedó igual, ya quedó para siempre con su huella de esperanza y vida, y la muerte herida definitivamente hasta que se consume en el final de los tiempos; nuevamente una experiencia escatológica, de lo definitivo, pero desde ahora saboreada, y segura del destino logrado.

La acción de Dios deja una huella indeleble, permanente, no se quita, aunque se matice y se parezca apagar. En la mecha que aún humea, en la caña resquebrajada ahí vive la omnipotencia de la debilidad, porque en la fragilidad habita Dios rompiendo los esquemas y las ataduras, ahí está la esperanza. La experiencia de los pobres de Yahvé, que supieron escuchar el susurro de lo divino, es la que nos sostiene y ha permitido la transformación de la historia, porque Dios pasa hoy como ayer, a través de los que abrimos las puertas con confianza, abrimos el corazón y la vida a lo definitivo.

>>El camino de los que supieron oír el susurro de Dios

El adviento es contemplar el pasado, vivir el presente y preparar el futuro. Algunos personajes de la liturgia nos ofrecen énfasis de camino espiritual: Isaías (profeta de la esperanza en la fidelidad de Dios), Juan el Bautista (profeta del testimonio y de la conversión del corazón), María (profeta de la confianza y de servicio a los hermanos), y José (profeta de la contemplación, del silencio y de la oración confiada). Todos los testimonios nos invitan a revisarnos: ¿y nuestra profecía?

 

MATEO 13[leer todo el capítulo, elegir una y meditar: ¿qué dice? (lectura), ¿qué me dice? (meditación), ¿qué le digo? (oración), y ¿en qué me mueve-comprometo? (contemplación-acción)] || Compartir lo vivido y rezar el rosario

1-23 – parábola del sembrador

24-30 – parábola de la mala hierba

31-32 – parábola del grano de mostaza

33-35 – parábola de la mujer y la levadura

36-43 – explicación de la parábola de la mala hierba

44 – parábola del tesoro escondido

45-46 – parábola de la perla de gran valor

47-52 – parábola de la red

53-58 – un profeta sin honra

By: prpz
In: Recursos
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