El dato revelado y su comprensión-sentido

Pablo R. Penso Z. SDB*

Resumen: El presente trabajo es un esfuerzo en el área de teología fundamental. En la cultura posmoderna el desarrollo tecnológico es criterio que ofrece el presente como la mejor expresión de todo lo anterior. Esto ha causado la pérdida de la conciencia de los signos históricos dicen a la propia vida, y lanzan a buscarlas fuera de las relaciones las referencias categórico-trascendentales. ¿Es Jesucristo importante para alguien hoy?

Palabras clave: Fe, Jesucristo, historia, modernismo, crisis, posmodernidad, millennials.

Historia-narración en la postmodernidad; desde-los-millennials

Encontrándome en el contexto de la reflexión teológica me es fácil acceder a cuestiones trascendentales; refiriéndome al sentido en el que tocan la existencia en sus fundamentos, como en su destino. Al mismo tiempo, percibo cómo se da en este ámbito relevancia a lo que tiene que ver con lo histórico, lo dogmático, lo narrativo, como elementos fundamentales para comprender el dato revelado. Y, por otra parte, al inmiscuirme en el análisis de la realidad actual, específicamente la de los millennials (los nacidos de los 80 hacia acá; a la que pertenezco y esto tiene un aditivo especial al cuestionamiento), y más ampliamente a la realidad postmoderna, pero no distinta a la sociedad de hoy, a la actualidad colectiva, noto la carencia de valores que son cruciales para la comprensión de estos datos en torno a la revelación.

Analizando el hecho de prescindir del acceso a la historia, en cuanto a consideración de la sucesión y relación entre los acontecimientos, y a lo narrativo, como decantar tales acontecimientos en línea de vivencias personales y colectivas, queda una explanada insoslayable para la comprensión de aquello que les requiera para tal actividad.

Lo que desata la reflexión: las dos realidades

El planteamiento que ofrezco busca alcanzar la significatividad de la fe en su relación con Jesucristo. ¿Para quién es significativo Jesucristo hoy? En este caso, el dato de fe viene dado por una relación con los acontecimientos que tocan la propia existencia de cerca. No es que los acontecimientos generen la fe, sino que la relación con ellos condiciona favorable o negativamente la adecuación del entorno hacia la fe como disposición a ella o su negación en cuanto a rechazo o desconocimiento (no importancia; rechazo pasivo).

Siendo el punto de la significatividad de la figura de Jesús verificable en los acontecimientos he de precisar que estos teológicamente se perciben como coordenadas horizontales y verticales. Las horizontales son las definidas ordinariamente como cotidianas, relaciones estructurales, formales, organizadas, objetivas. Las verticales son las que cuentan con una peculiar característica de irrupción, sorpresa, novedad, imprevisibilidad, y que llegan a lo esencial y sustancial. Ahora bien, esta relación con Jesús verificable en los acontecimientos en esta doble dimensión se encuentra abierta irrefrenablemente en la trascendentalidad de nuestras relaciones ordinarias estemos o no conscientes de ellas; nuestras relaciones con la realidad: personas y cosas, estructuras y su contenido, es decir, con todo aquello que definimos como horizontal y vertical. Aquí lo horizontal se correspondería con lo categorial y lo vertical con lo trascendental. Sin embargo, como el sujeto, la persona, es quien se relaciona, es ella quien relee su realidad existencial trascendentalmente, o sea, desde una categorialidad se hunde a lo trascendental. Y sigo, al hablar de estas relaciones con la realidad diciendo que se dan ‘estén o no conscientes’ presumo que el acontecimiento Cristo está ínsito en ella, y que al ser una persona quien se acerca a esta relación, el sujeto, también hay una dimensión de verticalidad en ese acontecer que se relaciona con el ya dado, con la realidad, con la historia, con lo objetivo, penetrado de eternidad, de rebasamiento.

Hablo de un doble darse en lo que acontece, de una única relación, pero con hondura bifurcada de planos: dos categorialidades que se trascendentalizan. una que está vertida o dada y otra que se acerca o se da a lo dado, una de la realidad llena de vida (Jesucristo; se descubra o no) y otra que se encuentra con ella (el sujeto, la persona); es decir, dos personas[1]. Este es un presupuesto.

La hermenéutica de esa relación, que podría tener otro nombre según quién analice la situación y la defina – en este caso la teologizo –, es la que va a ir dando la nota de la verificabilidad o estableciendo criterios de significatividad, se conozca o no a Jesús, se tengan herramientas de comprensión o no (que pueden condicionar la asunción de tal realidad-relación como tal o no). En cualquier caso, como sea, la persona nota que ocurre algo más que lo simplemente dado; y a este fenómeno es el que apunto[2].

El contenido atribuible: según la propia vida

Que ese acontecimiento sea significativo, a nivel de densidad existencial, hondura, que toque la vida de quién es partícipe depende del contenido que se le atribuya, y éste de las herramientas que se tengan para ello.

La significatividad viene dada por la carga que lleva lo que sucede respecto a quien vivencia tal acontecimiento. Esta carga le es atribuida por el sujeto que la vive. Se la atribuye según la riqueza que tenga la persona, o su madurez humana, cultivada académicamente o de forma espontánea (dígase en lo académico: formación humanista o teológica, y en lo espontáneo: amor, espiritualidad, paciencia, entre otras virtudes cristianas – se sea o no cristiano).

Ahora, puede que la luz sobre los acontecimientos no sea tal que llegue a visualizarse a Jesús como persona, como presente, como sujeto de la relación. Igualmente seguiría teniendo un contenido trascendente y definitivo sobre la vida de la persona que se relaciona. Pero hay que dar otro paso más. En ese acontecer, en esa relación, en esa vida que se percibe en el suceder y hacerse conscientes de ella, ¿qué sentido tiene creer en él o no hacerlo?, ¿esto cambia la nota de la significatividad?

Notas postmodernas

Este nivel de conceptualización es global, pero no es capaz de plenificar, sino más bien de perturbar y dejar inquietos, no da paz; mueve a una búsqueda. Para poder sosegar es necesario que esta relación sea percibida como tal y se evidencie como segura, que sea garantía última para quien la vive.

El ámbito postmoderno tiene unas características estudiadas en general por algunos autores. Presento algunos puntos importantes sobre ella. Cito algunas que son llamativas sin pretender ser taxativo y dejando espacios a otras visiones[3]. La pregunta sobre la cultura postmoderna y su relación con la trascendencia dejan ver que hoy en día se valora la experimentación religiosa directa, que hay un desbloqueo de prejuicios positivistas (ceñidos a lo sistemático de esta metodología, su procesualidad, su horizonte de progreso), hay una posibilidad de una teología cristiana más humilde en cuanto a menos impositiva, y un anhelo hedonista que le atribuye valor a lo corporal.

Que exista esta sensibilidad y estas notas en la postmodernidad no es suficiente para que ya de por sí se colme de sentido la vida. Estas características que fungen como categorías de la realidad, como notas de comprensión, como reglas de interpretación, exigen más, reclaman algo más.

Crisis en el punto de partida: el hombre

La cuestión ahora es que hay que hacer una intelección de la fe en este contexto postmoderno. El método teológico debería estar mediado por el oír el tiempo, la fe y su intelección[4]. Y esta comprensión desde la experiencia contada, desde una narrativa.

Este problema de descuadre epocal, por denominarlo de alguna manera, frecuente en hitos específicos de la historia, siempre es retador, ofrece una oportunidad de revisarse, de cambiar, de rehacerse delante de los acontecimientos. La Iglesia ha tenido que resituarse en muchos momentos adecuándose al tiempo vivido; no siempre prematuramente según el impulso teológico, sino más bien posteriormente cuando se han asentado las presiones tumultuosas iniciales[5]. Hoy pareciera que nos encontramos en una coyuntura con características parecidas.

En otro aporte he referido precisando que: “La crisis modernista tiene como núcleo los elementos de la definición, relación y comprensión de la Iglesia con el mundo. Esta comprensión se manifiesta en una renovación litúrgica y exegética.”[6]

Para dar algunas luces sobre mirar el Lugar Teológico de Dios[7] en nuestra realidad (continuidad de la época y planteamientos modernos; incluso de su crítica entorno a la crisis modernista enunciada en previo y que atajaré en la explicitación de alternativas inmediatamente), una cita que nos hace visualizar su alcance antropológico, hoy:

“La última fuente de su Catálogo de Lugares teológicos – la Historia y las tradiciones humanas – nos sitúa en lo que creemos va a ser en adelante la preferente tarea teológica: La auscultación de los problema en los que se ve inmerso el hombre de nuestro tiempo para intentar, desde él y sus dolores, desde sus aspiraciones e inquietudes secundando su hora, llevarle a escuchar la Palabra de Dios en el hoy, o, también, haciendo de los problemas actuales un medio hermenéutico, ayudarle a captar el eco intemporal de la Palabra en el presente, o, finalmente y en otra dimensión, constatar, como lúcidamente afirma Ratzinger, en el rápido comentario al Pseudo-Dionisio, que ‘Dios nos sale al encuentro como historia, antropomórficamente…’[8]

El partir desde el hombre, para cuestionarse acerca de su sentido último y encontrar en esta búsqueda una vía y respuesta antropológica, es el punto a resaltar de la reflexión teológica en este trabajo. Considerando esta génesis en la crisis modernista, incluso, a tal punto de exigir una adecuación de la Iglesia en sus estructuras y formas, con una profundización en la re-comprensión de sus contenidos, nos hace percibir que estamos en una continuidad de ese momento.

¿Una cuestión de edad personal o de edad epocal?; el contexto de los millennials

En torno a la consideración si es una crisis propia de la dinámica de desarrollo humano, a modo de un paso adolescencial de niño a adulto, o si es una cuestión epocal que reclama otra episteme[9] hemos de distinguir que nos referimos a lo segundo; si no, miremos atrás en la historia y constatemos que el giro copernicano a la antropología está situado en la palestra teológica desde los cuestionamientos modernos y la crítica, desautorización y desconocimiento de los términos comunes, y hasta en sus contenidos, a la teología previa (de los padres apostólicos, griegos, latinos y grandes teólogos medievales).

Pero si es una dinámica de cuestionamientos epocales, ¿qué con los millennials entonces? ¿No es esto abordar un ámbito tan específico que podría considerarse una transición de la dinámica de desarrollo humano aderezado con las tecnologías actuales? La irrupción tecnológica, unida a la globalización, ha tenido tal impacto frente al ser humano que le ha rehecho frente a su realidad y se percibe como distinto, ajeno, al contenido, formas y modos cómo se aborda la realidad hoy; no puede satisfacer sus inquietudes como se hacían décadas previas; es un nuevo ser humano, con ansias de respuestas.

La cuestión del inmediatismo y la ultimidad tecnológica

Desde la perspectiva teológica habría que acudir a precisar qué es lo que le da continuidad y contenido a la reflexión para que sea de relevancia existencial, que implique jugarse la vida.

Para que sea un acontecimiento significativo al ser humano, debe darse en línea de relaciones interpersonales, confrontativas, no solo horizontales ni meramente estructurales, sino verticales.

Ya he supuesto la existencia de este tipo de acontecimientos en la dinámica ordinaria del ser humano de hoy, constatable en la relectura de los acontecimientos. Y he dejado de lado la importancia de una hermenéutica sobre ellos; en la que importan mucho las herramientas que se tengan para deconstruir la propia historia y descubrirla en relación, y así hacer el salto a la significatividad de Jesucristo.

Como acabo de decir, las relaciones deben ser inteligidas. Aquí cuentan mucho las herramientas actuales para ello. Lo tecnológico en cuanto a este contexto global omniabarcante de lo inmediato y lo útil, nos ha situado en un contexto de descartabilidad; importa lo útil, lo inmediato, lo optimizado, lo que simplifica utilitariamente, y lo demás se desecha. Esta mentalidad se ha hundido en lo profundo de la dinámica cotidiana. Estamos en un contexto mecánico en cuanto a la sucesión de procesos, donde el fin es quien dicta los mejores caminos sin distinguir la importancia de los modos, sino en cómo llegar rápido a donde queremos llegar. Importa el resultado, no importa cómo; y un resultado rápido. Entonces los caminos son muchos, sin embargo, todos sometidos a la dictadura de lo inmediato y lo útil en cuanto a fines.

La narratividad versus lo inmediato y lo útil

No importa la vida sino en sus resultados. No es que la vida no cuente conscientemente, sino que en la práctica se omite su importancia, porque se va a los resultados y lo demás no se piensa como existente ni necesario.

El decantar y degustar la historia está sometido a los resultados últimos en cuanto a lo más nuevo, lo más reciente. Y es que lo más nuevo y reciente es garantía de optimización de lo previo. Es una mentalidad contemporánea de progreso inmediato[10], condicionado a lo concreto de lo actual: lo tecnológico y lo globalizado. Hoy ha tomado otra cara y se presenta como una nueva panacea, pero en lo instantáneo, omitiendo lo que no sea significativo en función de ello.

Los adelantos tecnológicos me eximen de ir a deconstruir la historia salvo que quiera hacer una arqueología erudita sin otro beneficio que hedonismo sapiencial. Lo previo no importa; atañe la actualidad de lo que está como dado o acontecido horizontalmente.

La verticalidad reclama un auscultar y degustar el paso de esa irrupción, es una experiencia, una relación, no una mera intervención funcional en vista a los fines inmediatos y específicos (utilidad).

Esto expuesto se refleja en dos expresiones que sirven para captar la esencia de lo dicho: “…estamos ante el fin de los grandes relatos…”[11], y la experiencia es narración, la vida lo es, la relación lo es. Entonces, la significatividad pasa por rescatar no digamos que los grandes relatos (que tienen un contenido de altísima importancia) pero sí los significativos, los que hacen importante el destino de la propia vida, los que se permean en las relaciones. Y cada persona está inmersa en un mar de acontecimientos y hay que releerlos, distinguiendo los que son importantes de los meramente utilitarios, y los significativos de los que no.

La disposición epocal de los millennials

Al hacer mención del fin de los ‘grandes relatos’ y su mengua, nos referimos a un hecho verificable políticamente hablando que ha tenido un resurgir en ámbitos latinoamericanos[12], pero, en otro orden, más de lectura de la realidad como narración, hasta de autolectura de la propia vida; y no necesariamente a la narración deducible de principios que describen la realidad como totalidad.

Este cambio epocal, también ceñido a determinadas circunstancias ambientales como la globalización y la técnica, suscita dinámicas específicas y concretas en las personas, pero globalmente, es decir, en la nueva dirección de no acudir a lo objetivo externo que ampliamente expresa y dirige la vida de las masas, sino a lo individual que da explicación a la propia, pero que ocurre de manera globalizada; se da como un proceso inductivo.

Los nuevos relatos, o pequeños relatos, también el no-relato[13], estando expuestos a la contradicción garantizan una vida más cómoda de ser vivida; no importa su coherencia, es irrelevante. El ‘pensamiento blando’[14] ayuda a comprender en cuanto permeabilidad esta multiculturalidad a la que somos vertidos, y por ende a la tolerancia y al pacifismo, desde los particulares, o a la dominación silente por macrodinámicas introducidas en lo económico o político y a la imposición letal por la fuerza.

Ciertamente el mismo contexto social, epocal, ha dispuesto a las generaciones bañadas en las aguas de lo reciente, dígase posmodernas o millennials (éstos con mayor fuerza), a una indisposición a discursos largos; no hay disposición psicológico-intelectual como tampoco sensible. Lo que no se experimenta como salvífico es desconocido y refractado en su contenido. Y es que la fe es una relación y como tal es una experiencia que tiene una carga emotiva y genera sensaciones, aunque no se reduce a ellas.

La vida se percibe en su narración

Para descubrir la vida en su devenir desde una perspectiva de sentido, considerándola teológicamente, podemos hacer un uso de precisión con lo que se conoce como teología narrativa.

“La teología narrativa es una manera de comunicar el mensaje cristiano que pone de relieve su carácter histórico y experimental, en la que su último punto de referencia es la vida de Jesús, el Cristo, y su aplicación o dimensión práctica nos remite a la vida de los creyentes. Por este motivo se exige un cierto tipo de discurso como, por ejemplo, la narración, que se adapta muy bien a la comunicación de mensajes y experiencias de salvación”[15]

Y de ello quisiera hacer énfasis en la analogía de esta narración creyente evidenciada en los textos bíblicos; pues, como dice ‘la narración, que se adapta muy bien a la comunicación de mensajes y experiencias de salvación’ es el móvil idóneo para comunicar lo descubierto en la vida como acontecimiento.

Siendo reducidos a los límites de lo a-histórico, que no considera lo narrado, sigue estando delante que el relato es el modo más sencillo y universal para comunicar una historia, la vida, una memoria… Y con esta aseveración no afirmo que haya un rechazo consciente y frontal a los relatos, sino que han sido borrados de las posibilidades, porque realmente no importan como prácticos, ni útiles. Y esto en todos los ámbitos, ya que es una dinámica que lo inunda todo y de forma inmediata, es una cuestión ambiental; también en lo teológico.

“Cuando la teología infravalora este recuerdo narrativo y lo reduce a un mero estadio mitológico anterior al logos cristiano, no se muestra especialmente crítica, sino más bien ayuda de crítica y de lucidez (en un sentido específico) frente a las posibilidades y limitaciones propias de la tarea de expresar positivamente el mensaje cristiano de salvación en la experiencia de la no identidad de la vida histórica. La crítica de los mitos está plenamente justificada, pero olvida con facilidad que la narración, en definitiva, es inherente a toda argumentación crítica de la teología como fermento mediado de sus contenidos”[16]

La formulación esencial de la experiencia

La vida cristiana tiene su centro en una experiencia personal, un encuentro definitivo y determinante, transformador, con una persona: Jesús de Nazaret; pero asimismo tiene necesidad de expresar tal relación en fórmulas esenciales.

“El cristianismo como comunidad de los que creen en Jesucristo es, desde sus orígenes, no fundamentalmente una comunidad interpretativa y argumentativa, sino una comunidad de recuerdo y de narración con intención práctica: el recuerdo narrativo-evocativo de la pasión, muerte y resurrección de Jesús”[17]

Es posteriomente que esto se formula y/o se define, se constituye en expresiones litúrgicas, se celebra, y se difunde.

La falencia ambiental de la disposición a la narración de lo acontecido hace que sea difícil acceder al misterio como un acontecimiento inteligible y reconocible como salvífico, en relación; aún cuando está de alguna manera se presente en la horizontalidad de los acontecimientos ordinarios; existe un rebasamiento sucinto, tácito.

Es una historia que se pierde de vista; nos hemos convertido en miopes. No vemos retrospectivamente. La referencialidad es lo inmediato, el ahora, la fracción, el momento, el ya mismo, el instante.

Algunas implicaciones específicas

Algunas exigencias posibles: una nueva evangelización, la consideración de una teología apofática-negativa, comunidades fraternas de contraste, opción por los pobres y la justicia, cuidar y favorecer la reflexión en experiencias de sentido[18]. Porque no basta una sensibilización, sino que habría que darle un giro pastoral, pues lo que mueve es la vivencia del cristianismo, volver a la vida de Jesús y referenciar la vida a él en cuanto a camino cotidiano desde una lectura bíblica e histórica, porque hay muy poco de escatológico en lo cotidiano.

Finalmente, es posible señalar que la experiencia límite de la propia existencia, o de las otras empatizadas, ofrece luces de hondura significativas en las que aparece una referencia al acontecimiento Jesucristo, como plenitud de lo humano, en la lectura antropológica a la que nos arroja, por necesidad, la misma vida.

Sin embargo, los contextos cultivados ambientalmente favorecen con herramientas, disposiciones y hábitos para advertir mejor la dimensión narrativa de la vida.

El punto de partida para una relectura de la historia como narración personal es otro al tradicional. Se hubica en el sujeto. Aunque el punto de quiebre sea su comprensión y sentido, en los millennials, también se da, sigue intaccta esa referencialidad trascendental, hacia lo eterno y definitivo desde lo determinado.

BIBLIOGRAFÍA

ROJANO J., Fe y sociedad postmoderna.

BEJAR BACAS José Serafín, Método teológico y credibilidad del cristianismo.

MARTÍNEZ FERNÁNDEZ Luis, Los caminos de la teología: Historia del método teológico, BAC, Madrid 1998

MORENO Alejandro, ‘El Aro y la Trama’

RAHNER Karl, Sacramentum Mundi

METZ Johann Baptist, La fe, en la historia y la sociedad: esbozo de una teología política, Cristiandad, Madrid 1979

 

* Pablo R. Penso Z. es Director de Publicaciones ITER (Revista ITER-Teología e ITER-Humanitas – http://iter.com.ve/publicaciones) desde octubre 2014, Secretario General del ITER (http://iter.com.ve/secretaria) desde septiembre 2015 y Administrador de su sitio web (http://iter.com.ve). Es Licenciado en Educación, mención Filosofía y Licenciado en Teología por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), tiene el título de Baccalaureatum en Filosofía y Baccalaureatum in Theologia por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (UPS-Roma – Sede ITER: Afiliada en Filosofía y Agregada en Teología). Sitio web: http://GD.co.ve/; Correo-e: pablopenso@gmail.com; Twitter: @pablopenso. Publicaciones: “Creencias, tolerancia y asunción vital (presentación teórico-filosófica)” en ITER-Humanitas 23 (2015), y “Creencias, tolerancia y asunción vital (presentación filosófico-pedagógica)” en ITER-Humanitas 24 (2015).

 

[1] Se pudiese objetar que las relaciones tienen que ser conscientes para darse entre personas. Sin embargo, la plenitud rebasante de la persona de Jesucristo es vívida aún cuando no se le conciencie.

[2] El punto es que al acontecer algo en formar de verticalidad por la doble moción personal de los que acuden al encuentro o sencillamente se sea consciente de solo algo que va al encuentro, la realidad rebasa lo objetivo, porque ahí hay algo más. Volvemos a precisar que es este el fenómeno que queremos resaltar ahora. Podemos llamarlo realidad henchida.

[3] Cf. ROJANO J., Fe y sociedad postmoderna.

[4] Cf. BEJAR BACAS José Serafín, Método teológico y credibilidad del cristianismo.

[5] Cf. MARTÍNEZ FERNÁNDEZ Luis, Los caminos de la teología: Historia del método teológico, BAC, Madrid 1998,176. “…para cumplir con su misión, los teólogos deben estar dispuestos a experimentar el riesgo y, si se permite la expresión, la osadía de poner a contribución de la Iglesia los frutos de ese su carisma. Porque resulta que, además el Magisterio no tiene como misión ir delante, sino algo así como autenticar; con su propio carisma magisterial, los logros obtenidos” ÍDEM. Y previo algunas expresiones valiosas al respecto “Es, por otra parte, conocido, como principio de la Historia de los Dogmas, que un factor importante de progreso teológico, y mucho más del dogmático, son las herejías, que estimulan y hacen avanzar la reflexión…” IBÍDEM, 173. Y, “Ha sido, también frecuente señalado como toda condena global de un error arrastra consigo los gérmenes de verdad que, al menos como inquietud , llevaba en su interior y que no fueron asumidos en ese momento…” ÍDEM.

[6] PENSO Z. Pablo R., La crisis del rostro: un problema moderno. En ‘Acceso a lo trascendente desde nuestra experiencia categorial’ con NAZARIO Vivero.

[7] Tautológicamente: …cómo se hace presente Dios desde Dios en la realidad…

[8] MARTÍNEZ FERNÁNDEZ Luis, Los caminos de la teología: Historia del método teológico, BAC, Madrid 1998,164.

[9] Episteme como ‘mundo de vida, o comprensión de la realidad’; en los términos del filósofo MORENO Alejandro en su libro ‘El Aro y la Trama’.

[10] Ya la promesa del progreso sucesivo y ascendente que se cayó con el desastre de las guerras mundiales.

[11] LYOTARD Francois, La condición postmoderna | La posmodernidad explicada a los niños | Misiva sobre la historia universal. > Estos relatos son: cristianismo, marxismo, iluminismo y capitalismo > Todos buscan una visión teleológica de la historia. (La posmodernidad es el abandono de los grandes relatos o metarrelatos; estos son las grandes ideologías del siglo XIX y XX como el liberalismo, el socialismo, el fascismo o el cristianismo de nuevo cuño; es decir, desde la descripción de Hannah Arendt en ‘El origen del Totalitarismo’ hablando de ideologías: “ismos con aspiración a explicar totalmente la realidad”)

[12] Todo el tema del socialismo de tipo marxista.

[13] Hay que considerar su impronta. Ejemplo de ello es la <Sonata de John Cage 4’33’’>, es el no-relato absoluto.

[14] VATTIMO Gianni. (Propone su filosofía del dialecto: no hay un gran relato, hay dialectos, hay montones con los que comunicarse, a veces se entiende, a veces no… es una especie de fragmentación, de multiplicidad dionisíaca de la historia, pues es una multiplicidad de hechos).

[15] RAHNER Karl, Sacramentum Mundi.

[16] METZ Johann Baptist, La fe, en la historia y la sociedad: esbozo de una teología política, Cristiandad, Madrid 1979,222.

[17] METZ Johann Baptist, La fe, en la historia y la sociedad: esbozo de una teología política, Cristiandad, Madrid 1979,222.

[18] Cf. ROJANO J., Fe y sociedad postmoderna.

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