Creencias, Tolerancia y Asunción Vital (presentación teórico-filosófica)

[1]Lic. Pablo R. Penso Z.*

Resumen: Este pequeño trabajo de investigación busca abordar el término “Tolerancia” desde una comprensión de desarrollo filosófico, en sus diversas evoluciones y acepciones, hasta constituirse en lo concebido hoy. Parte del problema religioso pasando por diversas etapas y considerando algunas posturas filosóficas. Hasta llegar a ver que “es la expresión más cercana a un mundo que no comprende el término fraternidad”. Y no busca ser otra cosa más que un esbozo generador de inquietudes y profundizaciones posteriores.

Palabras clave: Juicio, moral, tolerancia, criterio, ética, sentido, norma, felicidad, violencia.

 

Sobre la Tolerancia

Entorno favorable

¿Qué hacer cuando en un encuentro dialógico de aprendizaje se manejan elementos de diferente carga conceptual? ¿Cómo orientar esta disputa hacia una construcción cooperativa que permita una base para una profundización continua?

Para posibilitar una estructura adecuada de profundización continua es necesario establecer elementos clave en común, y conocerlos correctamente para poder vivirlos en la dinámica, en la práctica. Aquí está servido entonces el valor de la tolerancia como posibilitador de toda dinámica relacional de construcción cognitiva-social, en su doble aspecto conceptual-vivencial.

Un problema actual

Hoy en día el mundo está plagado de conflictos, de irrespeto y egoísmos que no fueron manejados adecuadamente. La cultura ha soltado sobre la humanidad las piedras del desastre moral que ha acumulado. Aun sabiendo que todo es posible y todavía teniendo delante un horizonte de posibilidades el peso ha sido tan grande que ha proyectado un futuro borroso. Siempre hay un nuevo comienzo, y cuán mejor es si éste se hace recordando lo vivido para no defraudar el presente con esos mismos errores[2].

Fundamentación general sobre la orientación definitiva del hombre

“…Sólo una razón com-pasiva o com-padeciente, puesta en pie por la vivencia del sufrimiento, espoleada por el ansia de felicidad, asombrada por el absurdo de la injusticia, tiene fuerza suficiente para desentrañar la lógica que corre por las venas de este misterioso ámbito, sin contentarse con cualquier aparente justificación.”[3]

Ante todo es necesario buscar comprender, mocionado por el impulso de la com-pasión y el deseo de justicia, lo concreto de un horizonte fecundo para todos, desde una antropología positiva y optimista, con una convicción de sentido y felicidad definitivos y de plenitud humana utópica realizable. Y luego brindar alternativas, proponer lineamientos que bifurquen el horizonte, abran caminos, iluminen posibilidades.[4]

Necesidad de la reflexión (justificación) – justificación epistemológica

En lo ordinario de la vida los asuntos morales ocupan un lugar primordial, también es sabido que la reflexión filosófica tiene su momento en la serenidad despegada del tumulto inmediato. Por esto mismo conviene descubrir que el sano “distanciamiento con respecto al mundo cotidiano, destinado a construir una fundamentación serena y argumentada, permite a los hombres, a la larga, adueñarse de sí mismos, superar esa voluntad del esclavo que, según Hegel, ‘no se sabe aún como libre y es por eso una voluntad desprovista de voluntad’.”[5]

Aspectos fundamentales en la definición del término tolerancia

Abordamos el término “Tolerancia” desde una comprensión de desarrollo filosófico, para poder establecer un discurso límpido y fecundo.

Por esta misma razón y acatando la denuncia profética actual (ya antes manejada por otros, entre ellos Agustín de Hipona) de Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo» he de comenzar haciendo un breve recorrido histórico de la evolución del término y su comprensión filosófica hasta nuestros días.

De acuerdo a un aterrizaje filosófico del término en sus diversas acepciones se puede decir que tolerancia es: “la actitud adoptada por algunos autores durante las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII con vistas a conseguir una convivencia entre los católicos y los protestantes. Posteriormente ha adquirido el término ‘tolerancia’ diversos sentidos: por una parte, significa indulgencia respecto a ciertas doctrinas y obras (sentido teológico); por otra, a los enunciados y prácticas políticas siempre que se hallen dentro del orden prescrito y aceptado libremente por la comunidad (sentido político); finalmente, actitud de comprensión frente a las opiniones interindividuales, sin la cual se hacen imposibles dichas relaciones (sentido social)”[6] Es decir, el término tolerancia ha venido evolucionando a partir de la comprensión que se tiene de él. Esto ha variado a lo largo de la historia; teniendo su origen en un conflicto religioso se apreciaba como indulgencia en torno a doctrinas, luego se ha orientado con el énfasis de respeto político de acciones dentro de un orden prescrito; y en definitiva como el respeto entre iguales que potencia todo tipo de relación. Estas son las tres acepciones históricas del término.

Sólo aquí se han manejado tres de los significados más frecuentes, pero que sobre todo tienen que ver con el origen del término y los contextos históricos en los que se desarrolló.

El enclave histórico nos muestra que el quid e importancia de este término reside en el hecho de buscar mediar y establecer una posibilidad digna y respetuosa de convivencia. Para unos significa la única posibilidad, aunque también algunos la han visto como un principio de disolución (por el hecho de abrirse a otros y menguar en su posición; es decir, reclama dar un paso hacia atrás para que los demás también puedan dar un paso hacia adelante. Las discusiones han sido de las más diversas.

Por esto mismo, se traerá a colación algunas de las argumentaciones más importantes en torno a la tolerancia: Guizot y Balmes:

“Según Guizot (Historia de la civilización en Europa, París, 1828, numerosas ediciones; trad. esp. por F. Vela, 1935), la tolerancia fue uno de los motores de la civilización europea. Al hacer posible la coexistencia de principios diversos, engendró un equilibrio dinámico que impulsó el progreso y evitó el estancamiento, el cual es propio de las sociedades regidas por un principio absoluto, sea secular o sea teocrático. Ahora bien, esta tolerancia no fue, al entender de Guizot, un producto de la reacción contra la Iglesia; el cristianismo mismo la ha llevado en su seno y sin él hubiese sido inconcebible. Si ha habido explosiones de intolerancia, se han debido a la caricatura de sí mismo que todo principio lleva en su seno. La sociedad oscila siempre entre el despotismo y la anarquía, y sólo la tolerancia puede representar el punto central, equidistante, pero a la vez alimentado por los dos extremos que constantemente lo amenazan e impulsan.”[7]

“Según Balmes (El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea, Barcelona, 4 vols. [1842-1844], especialmente Cap. XXXIV, numerosas ediciones), la idea de tolerancia anda siempre acompañada de la idea del mal: se toleran malas costumbres porque no hay por el momento remedio adecuado contra ellas. “Cuando la tolerancia es en el orden de las ideas, supone también —escribe Balmes— un mal del entendimiento: el error. Nadie dirá jamás que tolere la verdad.” Ahora bien, este uso de ‘tolerancia’ supone que la verdad es conocida. Cuando así no ocurre, la tolerancia puede admitirse como posibilidad de expresión de varias opiniones, todas las cuales pueden ser verdaderas. Así, la solución es simple. Frente al error, no puede haber tolerancia. La tolerancia universal (Cap. XXXV) es imposible, porque supone la inexistencia de la verdad o la equiparación de todas las opiniones a verdades. Pero como hay una verdad, cuando se presentan diversas opiniones hay que reconocer que una de ellas debe ser verdadera y la otra (u otras) falsas. Balmes niega, así, lo que él considera la típica tesis “protestante” o “irreligiosa”: la de que todos los errores son inocentes.”[8]

Definición general de tolerancia

La tolerancia hunde sus raíces en un problema religioso, pero que luego se extiende ampliamente a las realidades más diversas, considerando la existencia de un otro, distinto a mí, que también es y reclama, como garantía de mi propia existencia, poder ser.

En un lenguaje más sencillo: “La tolerancia se define como el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás, aunque sean diferentes o contrarias a las nuestras”[9], como ya se ha definido inicialmente. Pero además, “sólo hay tolerancia cuando el mal se puede evitar. Si el mal fuera ineludible, no se trataría de tolerancia sino de paciencia o capacidad de aguante. Es distinto soportar que tolerar.”[10] Pero con esto último hay que estar atento con el mal que se tolera, porque lo que se pretende en este caso es buscar un bien, o modificar una situación, por el momento tolerable, con vistas a un bien mayor. Aunque es necesario revisar la importancia que recibe el hecho de la tolerancia porque siempre se busca un bien, aun cuando una situación no cambie; en este caso el valor o el bien mayor está en el hecho de la misma convivencia, el respeto definitivo por el otro, el rescate de la persona en cuanto tal.[11]

Histórico sobre la tolerancia

Acercamiento histórico al desarrollo del término “Tolerancia”:

El inicio de reflexión al respecto se da con el edicto de Nicomedia (311). Si vamos a la génesis de lo que significa la tolerancia debemos acudir a las situaciones históricas en las que ha habido un gobierno con un gran poder. Al no poder someter grupos tan enormes de personas, la misma dinámica espontánea de la situación reclama llegar a acuerdos que beneficien las partes.

En el año 313 d.C, el 30 de abril, durante el Imperio Romano, se decidió poner fin a las medidas represivas instituidas respecto a los cristianos por el emperador Diocleciano. Este edicto lo promulga el emperador Galerio. Aunque se dan diversas razones para justificar dicha acción, posiblemente las de tipo político (observar el fracaso de la tetrarquía como forma de gobierno) fueron las que le motivaron a ello. Dos años después viene el edicto de Milán, en el que se da la libertad de culto al cristianismo en nivel de igualdad con las otras religiones del imperio. Paradójicamente ocurre con el tiempo lo que es una dinámica cíclica del poder: quien está en el poder oprime, aun cuando antes haya sido oprimido y haya clamado por libertad, igualdad, justicia.

En 1689 se promulga en Inglaterra el Acta de Tolerancia, que permitía la libertad de culto a los inconformistas, o protestantes como bautistas y congregacionalistas, aunque no a católicos y cuáqueros. Se les permitía libertad de culto, libertad de tener sus propios maestros y predicadores. Esta legislación tuvo consecuencias para quienes disentían porque no podían adquirir entonces una licencia para ejercer sus oficios[12].

El 10 de diciembre de 1948 en París se formula la Declaración Universal de los Derechos Humanos[13]; una carta en la que se recogen en 30 artículos derechos humanos considerados como básicos. Esta declaración tiene su génesis en la madurez humana que se ha venido confrontando con diversas situaciones límites que han vulnerado la integridad humana de forma devastadora[14]. Hay quienes consideran el Cilindro de Ciro redactado en el 539 a.C. preludio de esto respecto al pueblo deportado en Babilonia; como también el Pacto de los Virtuosos acordado por las tribus árabes en torno al 590 d.C.

En esta declaración en el artículo 26 al hablar del derecho a la educación, en el párrafo segundo reza:

“La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.”[15]

Abordando algunas posturas filosóficas y su pensamiento respecto a la tolerancia se aprecia que:

Jhon Locke en 1685 escribe la Carta sobre la Tolerancia. En la que expresa sus convicciones antropológicas: el hombre es un individuo libre que tiene derechos naturales (la autoconservación y espiritualidad) que son inviolables, sea por terceros o por el Estado.[16]

Ahí dice: “La república es una sociedad de hombres construida sólo para procurar, preservar y hacer progresar sus propios intereses civiles.”[17]. Dice más adelante con fuerza: “Ningún individuo particular tiene derecho a perjudicar a otra persona en sus derechos civiles por el hecho de abrazar otra iglesia o religión. Todos aquellos derechos o franquicias que le pertenecen como hombre o residente, deben serle preservados en forma inviolable. No son materia de religión.”[18] Es decir, no hay nada por encima de la dignidad humana que permita que ésta sea vulnerada.

Superando posturas progresistas respecto a la concepción de la tolerancia (entre ellos Turgot y Levi-Strauss que se expresan arguyendo el beneficio de la diversidad como ampliación del conocimiento universal y apoyo a la dinámica evolutiva de las sociedades[19]), dice Stuart Mill (cuya visión utilitarista no deja de ser significativa) respecto al gobierno: “este sólo se halla legitimado para intervenir si hay que evitar daños a terceros; el propio bien de la persona, físico o moral, no es justificación suficiente.”[20] Stuart Mill habla de la separación del poder del ámbito ordinario de la vida de los ciudadanos. En definitiva: este ámbito incluye las decisiones respecto a la propia felicidad, que sólo conciernen a cada individuo.

Hanna Arendt: tolerancia como política efectiva de la libertad

Y visualizando a Hanna Arendt (1906-1975) sorprenden sus afirmaciones mientras se conoce de su vida. Porque ante la consideración acerca de la libertad y la justicia se observa que hay, políticamente, una incompatibilidad con la idea de un pueblo elegido[21]. El caso es que ella era judía, y esta es una de las consideraciones fundamentales del pueblo judío; se consideran el resto de Israel. Esta convicción política[22] le trajo diversos problemas religiosos. Ella llega a ello a partir de una ‘reflexión histórica’[23] del hecho que significó la violencia vivida con fuerza en contra de su pueblo en Alemania, durante el régimen nazi.

La tolerancia: realidad y reto

Después de todo esto se puede advertir que: “la tolerancia es generalmente una elección dictada por una convicción, a veces condescendiente, a veces forzada. Pero también es fomentada persuasivamente por los medios de comunicación al servicio de los intereses del grupo de control.”[24]

El reto manejado en todo esto es buscar transmitir este valor de eminente importancia para la construcción de la sociedad nueva y optimista del bien basada en el enunciado antropológico inicial[25] (espíritu que ilumina todo desarrollo que se pueda hacer en esta investigación).

Influencia e impronta cultural. Ética y moral: ¿sentido/normas?

La situación cultural no perdona ni exonera la humanidad. Esto manifiesta el riesgo de dejarnos llevar por la misma dinámica ordinaria, por el entorno. Es necesario conocerlo. Pero es más necesario aún el hecho de saber las estructuras humanas más profundas. En ellas está inscrita la dignidad de la persona por sobre todo, su libertad, su integridad, su ser, su sentido, su destino. El saber práctico tiene su fundamento en orientar a la persona hacia su destino, su plenitud. El saber práctico es aquél cuya preocupación es el del saber para y desde el obrar. Encierra dentro de sí tres preguntas que claman desde dentro de la humanidad buscando ser escuchadas: las preguntas por la felicidad, por la justicia y por la legitimidad del poder. Y a ellas corresponden la filosofía moral, la jurídica y política.[26]

La cuestión del sentido y orientación de la vida de la humanidad se encuentra en su realización efectiva frente a dos posibilidades radicalmente importantes y yuxtapuestas: la cuestión de las normas y la de la felicidad; la primera depende en la convicción de que todo hombre es intocable, por lo que las normas entonces reclaman un respeto universal; la segunda en la línea de los contextos culturales y tradicionales, incluso de la constitución personal.[27] De toda esta dinámica lógica necesaria brota la necesidad de conjugar ambas líneas reflexivas en coherencia dialógica: una antropología de la felicidad como orientación del hombre desde una filosofía práctica de las normas.[28] Hoy en día toda reflexión ética, al ubicarse en el ámbito de la felicidad y el deber se busca conjugar alternativamente por medio del diálogo: moral dialógica.[29]

Entonces, ¿qué es moral y ética[30]? A partir de la reflexión de Adela Cortina se muestran elementos centrales que ilustran su concepción sobre estos términos; los posteriormente asumidos como punto de partida.

“La ética se distingue de la moral, en principio, por no atenerse a una imagen de hombre determinada, aceptada como ideal por un grupo concreto”[31]. Esto no quiere decir que la ética sea un eclecticismo o conjunto de modelos antropológicos, pero tampoco una moral institucionalizada. “El tránsito de la moral a la ética implica un cambio de nivel reflexivo, el paso de una reflexión que dirige la acción de modo inmediato a una reflexión filosófica, que sólo de forma mediata puede orientar el obrar; puede y debe hacerlo.”[32] Es decir, “la ética tiene que habérselas con un hecho peculiar e irreductible a otros: el hecho de que nuestro mundo humano resulte incomprensible si eliminamos esa dimensión a la que llamamos moral.”[33] En este caso significa que “la ética a diferencia de la moral, tiene que ocuparse de lo moral en su especificidad sin limitarse a una moral determinada… tiene que dar razón filosófica de la moral”[34], y por ello “se ve obligada a justificar teóricamente por qué hay moral y debe haberla, o bien confesar que no hay razón alguna para que la haya.”[35]

Retomemos pues, y consideremos que: “la tarea de la ética consiste en esclarecer la razón suficiente de la moralidad, es decir, su fundamento a la luz de los fines… trata de determinar la verdad del deber ser por medio de conceptos.”[36]

Dice también Adela Cortina: “Porque si las personas somos las protagonistas de la vida moral y ni siquiera estamos dispuestas a asumir la actitud de indagar en serio qué es lo moralmente correcto, entonces es imposible que exista una vida moral en alza, por muchas leyes que se promulguen. Pero si las personas sí queremos adoptar esa actitud, entonces también es difícil que a la larga no estemos también dispuestos a actuar según las orientaciones que nosotros mismos hemos querido”[37].

La tolerancia es la expresión más cercana a un mundo que no comprende el término fraternidad, que anhela un sentido en su caminar y que apuesta, aún sin saberlo, por un vivir tranquilo en un ambiente que no busque aplastarle ni comerle, sino que le brinde ser y dar de sí a otros.

En definitiva, este trabajo ha pretendido abordar la Tolerancia, considerando su génesis, y proyectando los fundamentos recientes al respecto. No es sino desde una opción por la integridad de la persona humana que se puede establecer cualquier otro camino de crecimiento; y esto, indiscutiblemente, pasa por el respeto, la fraternidad, por la tolerancia.

Bibliografía

Carta sobre la tolerancia, 1685. En http://www.hacer.org/pdf/Locke01.pdf

CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000.

En DELGADO A., Formación Valoral a Nivel Universitario, Universidad Iberoamericana, México 2001, p.26. Citando a CORTINA A., Los ciudadanos como protagonistas, Editorial Círculo de Lectores, Barcelona 1999.

MORA F., Diccionario de Filosofía, Tomo II, Editorial Sudamericana, Buenos Aires.

PÉREZ-DELGADO E., Moral de convicciones, moral de principios (Una introducción ética desde las ciencias humanas), Edibesa, España 2000.

http://es.wikipedia.org/wiki/Acta_de_Tolerancia

http://es.wikipedia.org/wiki/Hannah_Arendt#cite_note-63

http://horacero.com.pa/opinion/91504-tolerancia-e-intolerancia.html

http://www.fotolog.com/soul_education/43079910/

http://www.guiainfantil.com/1220/educar-en-valores-la-tolerancia.html

http://www.ideasrapidas.org/tolerancia.htm

http://www.un.org/es/documents/udhr/history.shtml

http://www.un.org/es/documents/udhr/index_print.shtml

 

[1] Síntesis (extracto) del Trabajo de grado de Pablo R. Penso Z. llamado “Lineamientos que faciliten la comprensión del valor de la tolerancia en niños de 6to grado del Instituto Cumbres de Caracas (ICC)” – De Enero, 2014; En Los Teques. Centrada en la presentación teórico-filosófica del término Tolerancia. Disponible en: http://gd.co.ve/tesis-tolerancia/ También este artículo está disponible en: http://gd.co.ve/creencias-tolerancia-y-asuncion-vital-presentacion-teorico-filosofica/

* Pablo R. Penso Z. es Director de Publicaciones ITER (Revista ITER-Teología e ITER-Humanitas – http://iter.com.ve/publicaciones) desde octubre 2014, Secretario General del ITER (http://iter.com.ve/secretaria) desde septiembre 2015 y Administrador de su sitio web (http://iter.com.ve).

Es Licenciado en Educación, mención Filosofía y Licenciado en Teología por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), tiene el título de Baccalaureatum en Filosofía y Baccalaureatum in Theologia por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (UPS-Roma – Sede ITER: Afiliada en Filosofía y Agregada en Teología). Sitio web: http://GD.co.ve/; Correo-e: pablopenso@gmail.com; Twitter: @pablopenso

[2] Cf. «Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo» La frase más famosa de Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás.

[3] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 20. Además, es así porque “la razón moralmente desinteresada se cansa pronto en sus esfuerzos investigadores y cualquier solución le parece satisfactoria con tal de que se encuentre en la línea del interés subjetivo por el que se ha puesto en marcha.” Ídem.

[4] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 20.

[5] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 19.

[6] MORA F., Diccionario de Filosofía, Tomo II, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, p. 803.

[7] MORA F., Diccionario de Filosofía, Tomo II, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, p. 804.

[8] MORA F., Diccionario de Filosofía, Tomo II, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, p. 804.

[9] http://www.guiainfantil.com/1220/educar-en-valores-la-tolerancia.html

[10] http://www.ideasrapidas.org/tolerancia.htm

[11] Cf. “La cooperación al mal de otros es diferente a la tolerancia. En la cooperación se contribuye al mal por hacer y omitir algo. En la tolerancia se contribuye al bien que en ese caso exige permitir un mal.” Tomado de http://www.ideasrapidas.org/tolerancia.htm

[12] http://es.wikipedia.org/wiki/Acta_de_Tolerancia

[13] “La base de la cultura que se va extendiendo de forma imparable, hasta el punto de poder considerarse como sustento universal para legitimar y deslegitimar instituciones nacionales e internacionales, es el reconocimiento de la dignidad el hombre y sus derechos”. CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 21. Es decir, esto es sinónimo y logro de la formulación especulativa de la ley que la naturaleza humana lleva dentro de sí. Esta formulación kantiana es: “El hombre, y en general todo ser racional, existe como fin en sí mismo, no sólo como medio para usos cualesquiera de esta o aquella voluntad; debe en todas sus acciones, no sólo las dirigidas a sí mismo, sino las dirigidas a los demás seres racionales considerando al mismo hoy.” Ídem.

[14] “Después de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas, la comunidad internacional se comprometió a no permitir nunca más atrocidades como las sucedidas en ese conflicto. Los líderes del mundo decidieron complementar la Carta de las Naciones Unidas con una hoja de ruta para garantizar los derechos de todas las personas en cualquier lugar y en todo momento.” Tomado de http://www.un.org/es/documents/udhr/history.shtml

[15] http://www.un.org/es/documents/udhr/index_print.shtml

[16] Cf. Carta sobre la tolerancia, 1685.

[17] http://www.hacer.org/pdf/Locke01.pdf Carta sobre la tolerancia, 1685, p. 6.

[18] http://www.hacer.org/pdf/Locke01.pdf, Carta sobre la tolerancia, 1685, p. 12.

[19] “La creencia filosófica en el progreso no debe convertirse en un criterio en el ámbito político, tal como fue el caso en la Revolución francesa. Precisamente la implementación de ideas filosóficas fue lo que condujo al gobierno del terror.” http://es.wikipedia.org/wiki/Hannah_Arendt#cite_note-63

[20] http://www.fotolog.com/soul_education/43079910/

[21] Cf. De la reflexión de Elisabeth Young-Bruehl sobre HannaArendt. http://es.wikipedia.org/wiki/Hannah_Arendt#cite_note-23

[22] Esto se ilumina con la reconsideración del valor de la persona por encima de todo como fin en sí mismas. Cf. CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 23.

[23] “El quehacer ético consiste… en acoger el mundo moral en su especificidad y en dar reflexivamente razón de él, con el objeto de que los hombres crezcan en saber acerca de sí mismos, y, por tanto, en libertad.” CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 19.

[24] http://horacero.com.pa/opinion/91504-tolerancia-e-intolerancia.html

[25] “El hombre está llamado a ser feliz, está orientado a la apertura, al diálogo, está dispuesto a aprender, tiene las condiciones para asumirse, comprenderse y decidir. Todo ello se realiza desde diversas etapas evolutivas, por medio didácticas precisas y concretas, ambientes favorecidos y contextos inundados de acompañamiento reflexivo y libre.”

[26] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 14.

[27] Cf. CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 15.

[28] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 15.

[29] Cf. CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 23.

[30] La explicitación de estos términos es muy compleja. Veamos “Los diversos modos de entender los términos ética y moral”: “La utilización de los términos ética y moral en la actualidad es múltiple. Los usos que suelen hacerse cabría resumirlos en las siguientes propuestas alternativas: 1) Lo ético y lo moral vienen a significar lo mismo, tanto etimológica como conceptualmente, si bien cabe utilizar el término ético para referirse a la teoría o reflexión ética, mientras que el término moral se conecta más estrechamente con la vida, con el vivir humano. Así se habla de reflexión ética y de vida moral, respectivamente. 2) Lo ético se refiere específicamente al estilo de vida humano que deriva de su condición de ser racional, mientras que el término moral habría que reservarlo para designar la moral que tiene una fundamentación y origen religioso. La ética es la filosofía moral. La moral es la teología moral o, en general, moral religiosa. 3) La moral se refiere a las normas y costumbres de un grupo o de una sociedad, mientras que lo ético se extiende a algo más universal y que afecta a todo hombre en cuanto ser humano. Así se dice que cada sociedad tiene su moral, sus convenciones morales, pero la ética sería común a todos los humanos, porque todos estamos en pie de igualdad y dignidad. 4) En la perspectiva de la ética de los valores se contrapone la moral colectiva (la aceptada y defendida por el grupo o por la sociedad) a la ética personal, a la propia escala de valores que tiene cada persona. Cada persona tiene, pues, su ética, sus valores, pero el grupo tiene una moral colectiva (valores sociales, normas, costumbres, aceptados por el colectivo). 5) Desde el punto de vista de los sistemas filosóficos, se denomina teoría ética a la orientación teleológica o de realización humana, y teoría moral a las orientaciones deontológicas o fundamentadas en el concepto de deber. Bajo este punto de vista sería emblemático hablar de ética aristotélica y moral kantiana. La ética aristotélica viene definida por los fines y la moral kantiana por el deber. 6) Es también bastante común diferencias la moral como ética normativa de la ética crítica o metaética. Es decir, moral se referiría al componente normativo y ética al nivel metaético o crítico de la filosofía moral. PÉREZ-DELGADO E., Moral de convicciones, moral de principios (Una introducción ética desde las ciencias humanas), Edibesa, España 2000, p. 20-21.

[31] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 18.

[32] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 18.

[33] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 18.

[34] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 19.

[35] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 19.

[36] CORTINA A., Ética Mínima, Editorial Tecnos, Madrid 2000, p. 34.

[37] En DELGADO A., Formación Valoral a Nivel Universitario, Universidad Iberoamericana, México 2001, p.26. Citando a CORTINA A., Los ciudadanos como protagonistas, Editorial Círculo de Lectores, Barcelona 1999, p.86.

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