Plenitud en Cristo (Teología de la Historia)

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Plenitud en Cristo – Teología Cristiana de la Historia

El drama[1] que vive la humanidad es terrible. Las guerras, la muerte, la destrucción, las enfermedades, el hambre, los asesinatos, la opulencia, el lujo, la desmesura, crean desasosiego sobre el futuro, todo parece ir a una debacle. ¿Cómo levantar la mirada y caminar esperanzadamente? ¿Dónde encontrar fuerzas?

Esta tragedia la vivimos todos. ¿Cómo la enfrentamos?

A mediados del siglo XX aconteció, tal cual, una manifestación del Espíritu vivificador en la Iglesia, el Concilio Vaticano II. En él se enfocó el tema de la Iglesia en dos aspectos bien específicos respondientes a una doble visión acerca de ésta: Iglesia, ¿qué dices de ti misma?, ¿qué eres para el mundo? Entonces, Lumen Gentium y Gaudium Et Spes.[2]

Cristo, plenitud de la creación, pálpito amante del corazón amoroso del Padre, se nos ofrece como manifestación de esa inconmensurable y antonomásica fuente de donación vital (LG); asimismo, el hondo padecer y la esperanza que brota de él, encuentran eco en esa promesa, el Reino,  y peregrinan hacia su destino (GS).

Más allá de cualquier otra explicitación paralela, lo que enmarco es el acontecimiento Cristo como plenitud y el compromiso cristiano decantado en la historia.

  1. Un mal que aplasta (aplastado)

El Concilio buscó un acercamiento a la realidad del mundo moderno desde una perspectiva conciliadora, frente a la mentalidad disyuntiva que le había precedido. Y en este acercamiento ha encontrado una oferta nueva.

Descubrir a Jesús como el que “nos revela a la vez a Dios y a nosotros mismos… el que inicia y consuma nuestra fe… al aceptar la relación filial con Dios y corresponderle como Hijo, al vivir como la libertad y plenitud humana inigualables, revela a Dios como el Dios de la vida, como la fuente de humanización…”[3]; entonces, esta visión de Jesucristo reorienta la dinámica. La concepción determina las acciones; o como dice un teólogo en perspectiva marxista “…el modo de producción determina el producto…”[4] Y así la Iglesia volviendo a Jesucristo, retoma un método y se proyecta hacia nuevos derroteros en su proyección y actuación específica. No mengua en la relación, pero sí en el modo de relación, y esta relación condiciona a su vez el modo cómo se ve a sí misma.

Así, en medio de una situación de muerte que lo circunda y ahoga todo, brota una nueva esperanza[5]. La vuelta a Cristo desde una perspectiva libertadora lo supera todo y da esperanza. Él, plenitud de la vida en la coherencia, exhala un frescor agradable. Este pueblo en camino lo proyecta como horizonte, nos cuesta caminar en sus aras, pero está delante atrayéndonos hacia sí[6]:

“La constitución apostólica exhala una frescura gracias a su mirada esperanzadora. Lo que debe animar el futuro concilio, es la certeza que el divino Salvador no ha abandonado a la humanidad. Es posible discernir los signos de su presencia en el tiempo actual.”[7]

El mal aplastante ha tenido su víctima incomparable en Jesús, el totalmente-justo. La respuesta no se hace esperar, pues, la victoria de su vida es confirmada con su resurrección y su al ser resucitado por el Padre. Colmado de fuerza, vence la última palabra del pecado-muerte-destrucción en una escatología definitiva, pero al mismo tiempo, con semillas en el presente, como escatología realizada, se convierte en Cabeza, “Señor del mundo y de la historia. Su resurrección es signo y prenda de la resurrección a la que todos estamos llamados y de la transformación final del universo. Por él y en él ha querido el Padre recrear lo que ya había creado.”[8]

  1. Los signos, ¿de los tiempos? (en el tiempo)

Esta relectura de los signos inspirada bíblicamente en Lc 21,28 (“Cuando se presenten los primeros signos, enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación.” Nos propone a mirar con detenimiento más allá), es una animación a visualizar de forma nueva lo que ya tenemos delante. El pueblo de Dios en camino, como conjunto, deciden mirar lo que les circunda y nos ofrecen re-pensadamente, o re-visualizada, “…la doctrina del ser humano, del mundo y de su propia actitud entre ambos.”[9]… como también “…diversos aspectos de la vida y de la sociedad actual sobre todo cuestiones y problemas que son más urgentes”[10] (esta es la visión que nos ofrece GS; hay una dinámica de diálogo con el mundo).

Ver los signos de los tiempos, significa ver el mundo con mirada creyente y renovar las relaciones: acercarse al mundo con una nueva visión, con una nueva actitud y con una nueva sensibilidad.[11] Esta “nueva” constitución humana, gestada en el seno de la fe, remozada, nos vierte hacia fuera, descubriendo que “…la historia, la de cada día, es el espacio en el que Dios, con la libertad humana, realiza su plan. La historia humana es al mismo tiempo historia de salvación.” Y, seguidamente concienciar que “…el mundo, es el lugar teológico en el que hay que descubrir la presencia operante de Dios. Es el ámbito donde se encuentra y escucha a Dios”[12]. Porque Dios habla a su Iglesia en la historia.

Es una esperanza abierta e incansable. El hombre nuevo es un hombre abierto, que no absolutiza ningún logro en el engaño de hacer de algo limitado algo infinito. El horizonte es necesario como límite que orienta, pero es más necesario como apertura permanente para quien avanza. La absolutización de la riqueza, del poder, de la organización, de la institución, etc., convertidas en ídolos, hace del idólatra un hombre cerrado y sometido, todo lo contrario del hombre abierto a un Dios siempre mayor y a un reino que ha de historizarse permanentemente en una aproximación cada vez mayor, pero que por múltiples motivos supera cada logro parcial y lo supera cualitativamente por el desciframiento de novedades lógica y conceptualmente imprevisibles.[13]

Jesús es ese nuevo horizonte, la actitud ayuda a relacionarse con él, desengañadamente (hemos constatado el miedo de acabar con todo).

Además, este horizonte, importa mucho la ‘nueva’ relacionalidad que ayuda a verlo: el mundo. Al respecto, la obra de Cristo, verificable en el tiempo reclama, asimismo, que vaya más allá de toda opción de fe específica, pues “…la misión de la Iglesia no puede realizarse al margen de la mundanidad, sino que precisa de la mundanidad del tiempo presente y que sin este tiempo presente su misión no es.”[14]

El escrutar estos signos se ha decantado en América Latina en forma inductiva, a modo retrospectivo visualizando en el AT, y, más aún, en la acción de Jesús, esa liberación que clama por ser atendida y tomada en cuenta como el aspecto fundamental de la opción cristiana. No hay salvación sin liberación explícita y concreta, de todo tipo de opresión. Muchas ideologías y movimientos, incluso eclesiales, se han abocado a ello. Pero el sentido de esta acción está en la acción definitiva de Jesús como definitivo liberador, como el que amaba, y ama, y expresa/ba ese amor en el anuncio de la Buena Noticia: el Reino. El Ver-Juzgar-Actuar[15]; metodología paradigmática de esta opción cristiana de lectura de los signos de los tiempos; es una lectura activa/dinámica y/o que dinamiza, enrola, encauza; y por ende, debería ser vivificante, en la medida que se sea fiel a quien es su inspiración: Jesús.[16]

  1. La Iglesia y más allá (fuera de ella)

Estar atentos al próximo es la garantía de fidelidad. Esta escucha de lo que acontece, en el lugar teológico específico del ahora, y en el contexto determinado, como el propio, se lleva a cabo por medio de una percepción en la actualidad, no distemporal ni extraespacial, es volver al Jesús en el hoy.[17]

Significativamente alertando el riesgo de los extremos en la concreción específica de este llamado a una comprensión/asunción cristiana de la historia, nos dice Ellacuría:

A veces la enseñanza social de la Iglesia ha sido demasiado ingenua y tolerante con la teoría y, sobre todo, con la práctica del capitalismo por el miedo a perder prebendas y por el miedo a los regímenes marxistas. Pero también la teología de la liberación ha sido en ocasiones ingenua y tolerante con la teoría y la práctica del marxismo por un cierto complejo de inferioridad ante el compromiso de los revolucionarios.[18]

Y es por ello que no en vano se ofrece una elección por el método teológico que caracteriza las opciones de esta constitución, Gaudium Et Spes, de lo que la Iglesia es para el mundo y que, al mismo tiempo, permea las demás, latinoamericanas – incluyendo la de Aparecida –. “La constitución se estructura según el esquema inductivo del Ver, Juzgar y Actuar. Toda la exposición preliminar habla de ‘la condición humana en el mundo contemporáneo’[19]. No hay espacio para cavilar fuera de un ámbito contextualizado en lo humano.[20]

La historia humana y la historia de salvación no están una junto a la otra, ni enfrentadas, ni sobre otra. Es la misma salvación la que se va decantando en la vida cronológica/histórica de los pueblos, es su historia de salvación. Es una humanidad que se renueva y asume el don de la cercanía de Dios, y más aún, un testimonio definitivo en Jesús. No perceptible/asumible desde estereotipos estampados de antigüedad, con resquicios de los extremos ya experimentados/vividos:

Para hacer todo esto posible se dibuja un hombre nuevo, contemplativo y activo a la vez, un hombre superador tanto del ocio como del negocio. Ni la actividad es suficiente ni la contemplación es bastante. Contra la tentación de la pereza, encubierta en el ocio de la contemplación, lo urgente de la tarea impulsa a una acción eficaz, pues la gravedad de los problemas no permite espera. Contra la tentación del activismo, encubierta como creación constante de nuevas oportunidades, lo vacío y destructor de sus promesas exige la riqueza de la contemplación. La acción sin contemplación es vacía y destructora, mientras que la contemplación sin acción es paralizante y encubridora. El hombre nuevo es oyente y hacedor de la Palabra, escrutador de los signos de los tiempos y realizador de lo que se le ofrece como promesa.[21]

“La Iglesia es portadora de salvación pero ella no es en sí misma la salvación. Como portadora y beneficiaria debe reconocer esa salvación en donde ella se manifieste en la humanidad.”[22]

  1. El copioso horizonte: Jesús (a nuestro lado, en camino)

De diversas maneras, se ha venido expresando la tracción que nos realiza Jesús en el horizonte de nuestra vida como creyentes, como proyecto de vida. En palabras del Concilio Plenario de Venezuela: “…No podemos pretender creer en Jesucristo y vivir en la indiferencia, en la permisividad y sin compromiso alguno. Este encuentro lleva a un compromiso de vida…”[23]

La vida de Cristo nos lleva a constituirnos en proclamadores/hacedores del Reino (en la conciencia de la no plenitud, pero sí en camino hacia ella; Reino/Reinado). Una tensión de una doble escatología que lleva a considerar la complejidad de la realidad y a hurgar en ella con detenimiento y mirada creyente: leyendo los signos.

Entre el individualismo y el estatalismo debe construirse un tipo fuerte de sociedad, que supere el desenfreno de aquél y la imposición dominante de éste. No se trata de encontrar términos medios entre dos extremos ya existentes, sino de buscar formas nuevas que, negándolos, superen los modelos existentes.[24]

Y superarlos, incrustándonos dinámicamente en la humanidad a modo de vivir ‘encarnados’, pues siendo humanos, como somos, la tendencia más común es el desgajamiento de la mirada y la dilución en las urgencias, frente a las prioridades, porque “…Si el tiempo presente trae consigo signos salvíficos, el acontecimiento de la redención es un hecho intrínseco en el presente, es decir, la salvación es humana y actual.”[25]

“Los gestos de todo hombre que vive según el Espíritu de Jesús, sea o no consciente de ello, irradian los signos salvíficos que el tiempo presente trae consigo.”[26] Y para ello, para notarlo hay que tener una mirada cristiana de la realidad.

Un cierre significativo de toda esta irrupción totalizante de Cristo, en quienes somos sus consecutores, es el de vivir inmersos en los acontecimientos actualizando esa salvación que ha acontecido y reclama ser refrescada. No se puede vivir aislados de la realidad que nos toca vivir, el acontecimiento de la encarnación nos sumerge en el barro humano que es don y tarea, nos hace sentir sobrecogidos definitivamente pero al mismo tiempo enviados, impulsados hacia delante, pero con una fuerza que nos jala desde el horizonte. “El momento presente nos urge y requiere un discernimiento serio para leer la presencia del Espíritu en el momento actual. No hacerlo es pecado.”[27]

[1] GS 13: “…el hombre, al examinar su corazón, se descubre también inclinado al mal e inmerso en muchos males que no pueden proceder de su Creador, que es bueno…”

[2] Es decir, Ecclesia ad intra y Ecclesia ad extra.

[3] Concilio Plenario de Venezuela (CPV), Documento ‘Proclamación Profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela’ (PPVE), #70. – Cito el CPV en el que recoge litánicamente los documentos del VATII –.

[4] TRIGO P., Discernimiento histórico de la situación actual de Venezuela en ITER-Humanitas 22, Publicaciones ITER, 2014, 159.

[5] …es necesaria una denuncia que corrija la presencia del pecado en las culturas; purifique y exorcice  los desvalores… que haga una crítica de las culturas, crítica de las idolatrías o de los valores erigidos en ídolor, que la cultura asume como absolutos… Cf. CPV-ECV #60 citando III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla #405.

[6] Dei Verbum, 17. “Levantado de la tierra, atrae a todos hacia sí, pues es el único que posee palabras de vida eterna. A otras edades no fue revelado este misterio…”.

[7] TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 12. Y lo hace citando Humanae Salutis 3-4 diciendo: “La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de humanidad, que traerá consigo profundas mutaciones. (…) La visión de estos males impresiona sobremanera algunos espíritus que sólo ven tinieblas a su alrededor, como si este mundo estuviera totalmente envuelto por ellas. Nos, sin embargo, preferimos poner toda nuestra firme confianza en el divino Salvador de la humanidad, quien no ha abandonado a los hombres por Él redimidos. Más aún, siguiendo la recomendación de Jesús cuando nos exhorta a distinguir claramente los signos… de los tiempos (Mt 16,3), Nos creemos vislumbrar, en medio de tantas tinieblas, no pocos indicios que nos hacen concebir esperanzas de tiempos mejores para la Iglesia y la humanidad”.

[8] Denzinger 4616 o III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla #195.

[9] Apuntes de los encuentros de Proceso histórico y salvación cristiana – Helizandro Terán.

[10] Apuntes de los encuentros de Proceso histórico y salvación cristiana – Helizandro Terán.

[11] “Son precisamente los signos de los tiempos los que aportan el elemento de futuro y sin los cuales se carece de un elemento esencial para la interpretación de la palabra de Dios y de una de las mayores fuerzas de renovación.” ELLAURÍA I.,  Utopía y profetismo. En Mysterium liberationis, dirigido por Ignacio Ellacuría Ignacio y Jon Sobrino, I, San Salvador: UCA Editores, 1993, 441.

[12] Apuntes de los encuentros de Proceso histórico y salvación cristiana – Helizandro Terán.

[13] ELLAURÍA I.,  Utopía y profetismo. En Mysterium liberationis, dirigido por Ignacio Ellacuría Ignacio y Jon Sobrino, I, San Salvador: UCA Editores, 1993, 423.

[14] “¿Qué significa esto? En primer lugar habría que decir que la continuidad de la obra de Cristo no se da al margen del tiempo, es decir, que se verifica en el tiempo, pero esto no resulta suficiente. Cuando la constitución subraya que es deber de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos, se acentúa el hecho que hay signos en el tiempo, que no dependen de la ninguna confesionalidad, que están presentes en la cotidianidad de la mundanidad, que son necesarios (no meramente optativos) a la misión de la Iglesia.” TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 16.

[15] GS 11: “El pueblo de Dios, movido por la fe… procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios (ver). La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre (juzgar). Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas (actuar).” Una lectura de la que brota el método manejado/afianzado desde Latinoamérica, inspirado en el Concilio VATII.

[16] “Así Jesús, de modo original, propio, incomparable, exige un seguimiento radical que abarca todo el hombre, a todos los hombres y envuelve a todo el mundo y a todo el cosmos. Esta radicalidad hace que la conversión sea un proceso nunca acabado, tanto a nivel personal como social. Porque, si el Reino de Dios pasa por realizaciones históricas, no se agota ni se identifica con ellas”. Denzinger 4614 o III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla #193.

[17] Cf. TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 17-18. “La Verdad revelada sin dejar de ser don, no es un dato adquirido, exige el ejercicio de auscultar, discernir e interpretar el lenguaje del tiempo.” Ídem, 18.

[18] ELLAURÍA I.,  Utopía y profetismo. En Mysterium liberationis, dirigido por Ignacio Ellacuría Ignacio y Jon Sobrino, I, San Salvador: UCA Editores, 1993, 431.

[19] TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 15.

[20] “El discernimiento de los signos de los tiempos es el modus procedendi de la constitución pastoral.” TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 15.

[21] ELLAURÍA I.,  Utopía y profetismo. En Mysterium liberationis, dirigido por Ignacio Ellacuría Ignacio y Jon Sobrino, I, San Salvador: UCA Editores, 1993, 423.

[22] TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 20.

[23] CPV-PPEV #76.

[24] ELLAURÍA I.,  Utopía y profetismo. En Mysterium liberationis, dirigido por Ignacio Ellacuría Ignacio y Jon Sobrino, I, San Salvador: UCA Editores, 1993, 432.

[25] TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 20.

[26] TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 20.

[27] TEIXEIRA M., Discernimiento de la Gaudium Et Spes sobre el tiempo presente en ITER-Teología 63, Publicaciones ITER 2014, 31.


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