Espiritualidad y experiencia cristiana

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Espiritualidad y experiencia cristiana (Creer después de Freud)

“La vida cristiana puesta en tela de juicio. ¡Un planteamiento focal de la experiencia religiosa en su fenomenología psíquica, que trasciende a enunciados globales!” Así definiría la percepción de la evolución de las ideas freudianas.

  1. A modo de introducción

El acercamiento que hemos venido teniendo a la persona de Sigmun Freud ha sido significativo en todos los ámbitos. En mi caso, era una persona a la que le había dedicado poco contacto reflexivo, salvo en las circunstancias ordinarias de estudio necesarias de tipo docente-educativo-evolutivo (su planteamiento de las etapas infantiles).

Sin embargo, este estudio, acudiendo a los libros, concomitados con el fenómeno religioso, me ha servido para visualizar elementos que estaban segados, porque ni los percibía, y ahora comparto algunas ideas exploradas.

  1. Unos problemas iniciales

Al comienzo, con este diminuto bagaje cultural sobre Freud, más eran los prejuicios que las certezas confrontadas.

El tema de lo sexual era uno de los clichés con mayor raíz en mí, también estaba algo acerca del desarrollo de los niños –igualmente ligado a lo sexual–, y sabía de sus resabios hacia la religión. Pero, ¿qué había de cierto en estos prejuicios? ¿Tenían algo de fundamento? Sólo el contacto directo son su obra, con sus escritos, dio luces (no podíamos quedarnos con comentarios que pretendían sintetizar o resumir sus ideas, era necesario ir a la fuente).

  1. Sus libros:

Estuvimos manejando cuatro de sus producciones que tocaban la temática del fenómeno religioso[1]: Tótem y tabú, El porvenir de una ilusión, El malestar de la cultura y Moisés y la religión monoteísta.

  1. Tótem y tabú

El centro del planteamiento de este libro estaba en la apreciación de los orígenes de la experiencia totémica y cómo se había gestado el tabú como regulador social y preservador de la dinámica cultural (el crimen del padre primordial). Y se evidencia, sobremanera, la distinción (analizada al margen de otras lecturas biográficas con su compañero Jung) de su planteamiento inicialmente clínico, pero ostentoso de universalidad al referirlo a una descripción de la dinámica humana[2] (pasa a ser un modo de comprender la realidad, antes que un modo clínico).

  1. El porvenir de una ilusión

Se toca el tema de la religión como expresión de una neurosis colectiva y como regulador de lo social, como control. Este parricidio inicial se convierte en fundante de la cultura. Y se orienta a la autoconservación[3] en la coerción y represión. También hay visos, como en las demás obras, del uso de recursos científicos epocales para analizar estas dinámicas contrastadas con sus observaciones[4].

  1. El malestar de la cultura

Importa en este libro la conciencia moral. El ello-superyó, un estatus externo que condiciona reguladoramente las acciones del yo consciente. La culpa debe superarse con el progreso y la nueva fe es el psicoanálisis liberador[5], única vía para superar los límites miedosos y autonconservadores de la cultura imperante, que debe ser superada, ya que el fundamento del desamparo infantil reclama una respuesta.[6] Explica el fenómeno religioso/cultural como reguladores y exaltadores simultáneamente cual narcóticos afectivo/intelectuales[7].

  1. Moisés y la religión monoteísta

Tres ensayos, dos y uno más bien por su contenido, en los que hace una fenomenología de la fe que heredó. Hasta finalmente, verterse de forma silente a un reconocimiento sorpresivo de lo que el cristianismo le ha aportado (conservador del psicoanálisis). Ahí recoge todos los planteamientos previos[8] de su análisis psicoanalítico del fenómeno religioso.

  1. ¿Esbozos insuficientes?

Posiblemente, pero delimitadoras del proceso freudiano y expresión de su mentalidad de progreso, de su metodología y problemáticas abordadas, en definitiva, del asunto religioso desde una perspectiva psicoanalítica.

Asimismo, hemos gozado de un aporte terminológico, pues nos hemos venido haciendo con terminología freudiana como: consciente, inconsciente, subconsciente, yo, ello, superyó, ambivalencia, histeria, neurosis, represión, trastorno, represión, frustración, pulsiones, culpa, delirio…

Hemos visto a un Freud que es él mismo a lo largo de su vida. Este criterio hermenéutico ayuda a visualizar nuevos derroteros. Él comprende su entorno como lo hace con sí mismo (pareciera haber una fatalidad inconsciente: ejemplo del mito móvil del parricidio).

  1. Y han resurgido nuevos problemas

Sabiendo lo que sabemos de él y sus tesis, habiéndonos acercado como lo hemos hecho a la génesis de sus escritos y el dinamismo que lo mueve, nos podemos re-preguntar sobre lo que eran esos prejuicios iniciales, ahora ofreciendo aportes que pretender ser superadores o siquiera fúlgidos: ahora hay nuevas categorías y herramientas para visualizar lo que Freud pretendía, ¿cuál era su intencionalidad?, ¿sus límites?, ¿en sus obras se deja ver la tensión de una búsqueda que va encontrando respuesta?

  1. Espiritualidad y conciencia cristiana

Unos detalles fundamentales:

  • Haciendo frente al cuestionamiento perceptible en los escritos freudianos, en el cristianismo no hay un parricidio (padre primordial), sino un fratricidio (asesinato de nuestro hermano Jesús[9]) causado por la misma desobediencia al padre/Padre. En el Freud esta muerte genera un pacto que se cristaliza en cultura/religión, en el cristianismo se orienta a una superación por la obediencia a la alianza (el deseo de Dios es la vida) que salvaguarda a Dios y a los hermanos. En el cristianismo hay algo nuevo[10].
  • Pretendiendo focalizar ese salto clínico de Freud, habría que decir que, si se realiza un análisis psicoanalítico de la persona como individuo, éste es neurótico por la cultura. Y por ello, a partir del individuo explica la cultura.
  • La religión que se plantea como una neurosis colectiva obsesiva[11] tiene su contraparte en las formas y la formación de la cultura (hay unos mecanismos inconscientes que nos reprimen). Además, Freud expresa que los contenidos de fe son ilusiones en cuanto a su naturaleza, pero no se pronuncia sobre su veracidad[12].
  • La conciencia, según Freud, sólo nos recuerda nuestro asesinato. Entonces, la ambivalencia es nuestro destino[13] y la represión nuestro modo de vida[14]. Además, la religión busca apaciguar el sentimiento de culpa y establecer unas relaciones fraternas. La religión es neurosis obsesiva porque hay una represión a partir de la idea, que regula lo real.
  1. A modo de cierre: un hombre y sus resquicios

Todos somos hijos de nuestro tiempo. Y aun cuando el pensamiento se yergue como universal siempre las trazas coyunturales nos circundan. Mas, tampoco por ello nos quedamos ofuscados, sino que también con firmeza fulguramos al horizonte desde lo particular y menudo del tiempo vivido.

El progreso está como encuadre del pensamiento freudiano. Hay una conciencia que se da en el hecho de ir descubriendo que puedo dominar y controlar el mundo. La idea de progreso está inundada de esto. También lo hemos visto en la misma dinámica histórica de los pensadores en su recorrido.

Sin duda, la espiritualidad significa un espacio para lo elevado, desde lo silente o discente, pero con respeto. Freud lo considera y no mengua su reflexión. Él se pregunta: “¿De qué nos sirve el haber explicado así la satisfacción producida por la renuncia instintual, si lo que queremos comprender es el proceso de la autoestima exaltada al progresar en la espiritualidad?[15]. Atina duramente diciendo: “…Quizá el hombre simplemente proclame como supremo lo que es más difícil de lograr, y su orgullo no sería entonces sino el narcisismo exaltado por la conciencia de haber superado una dificultad…”[16]

Un aporte iluminador podría ser, entonces, el respeto de la misma realidad humana y su dinámica (contraprogresita si se quiere, pero no estatista): pues, para una vivencia de la espiritualidad importa tener espacios de oscuridad. ¿Cómo puede ser esto? Significa, sosiego, detención del ritmo… pues, todo no puede ser conciencia, ya que si todo es luz, la incandescencia del ritmo frenético nos mataría…[17] y moriríamos anoníricos, enajenados… solos… “conscientes”, pero sin sentido…

[1] Dice en Moisés y la religión monoteísta: “…Una vez que la doctrina cristiana hubo roto el marco del judaísmo, asimiló elementos de muchas otras fuentes, renunció a muchos rasgos del monoteísmo puro y se adaptó en abundantes particularidades a los rituales de los restantes pueblos mediterráneos…”

[2] Ya dirá como cierre de su labor intelectual en Moisés y la religión monoteísta: “…No es fácil trasladar los conceptos de la psicología individual a la psicología de las masas, y por mi parte no creo que se adelantaría mucho adoptando el concepto de un inconsciente «colectivo»…”

[3] “Por eso la cultura debe ser protegida contra los individuos, y sus normas, instituciones y mandamientos cumplen esa función… la cultura es algo impuesto a una mayoría recalcitrante por una minoría que ha sabido apropiarse de los medios de producción, de poder y coerción” El porvenir de una ilusión. Más adelante, sigue: “…el superyó del ser humano, acoge esa coerción externa entre sus mandamientos…

[4] sin duda alguna, todos somos hijos de nuestro tiempo; en él se manifiesta la mentalidad del progreso en avance hasta la plenitud que es su mismo tiempo y su propuesta: el psicoanálisis, tanto como práctica, como método –las respuestas no obtenidas de otra manera se consiguen aquí, es la panacea–.

[5] Ya lo había dicho en El porvenir de una ilusión: “…hemos llegado a concebir las enseñanzas religiosas como reliquias neuróticas y ahora tenemos derecho a decir que probablemente sea ya tiempo de sustituir, como se hace en el tratamiento analítico del neurótico, los resultados de la represión por los de un trabajo intelectual racional…” y “… ¿no es verdad que el infantilismo está destinado a ser superado? …” y “…No; nuestra ciencia no es una ilusión. Sí lo sería creer que podríamos obtener de otra parte lo que ella no puede darnos…”

[6] En el Malestar de la Cultura: “…en cuanto a las necesidades religiosas, considero irrefutable, su derivación del desamparo infantil y de la nostalgia por el padre que aquél suscita, tanto más cuanto que este sentimiento no se mantiene simplemente desde la infancia, sino que es reanimado sin cesar por la angustia ante la omnipotencia del destino…”

[7] Sigue en El malestar de la cultura: “…la religión viene a perturbar este libre juego de elección y adaptación, al imponer a todos por igual su camino único para alcanzar la felicidad y evitar el sufrimiento…”. Además, de evidencias como: “…jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor…”

[8] Lo del parricidio en Moisés y la religión monoteísta: “…La esencia misma de la relación paterno-filial incluye la ambivalencia; por tanto, en el curso de los tiempos tuvo que reanimarse por fuerza aquella hostilidad que otrora había impulsado a los hijos al asesinato del admirado y temido padre…”

[9] En Moisés y la religión monoteísta: “…la conexión entre el delirio y la verdad histórica quedaba establecida por la aseveración de que la víctima propiciatoria no había sido otra sino el propio Hijo de Dios…”

[10] Moisés y la religión monoteísta: “…La fuerza que esta nueva fe derivó de su arraigo en la verdad histórica le permitió barrer todos los obstáculos; en lugar de la gozosa sensación de ser el pueblo elegido, aparecía ahora la liberadora redención…”

[11] Dice en El porvenir de una ilusión: “…la analogía de la religión con una neurosis obsesiva, y cuántas peculiaridades y destinos de la formación religiosa pueden comprenderse por este camino. Armoniza muy bien con esto el hecho de que el creyente esté protegido en alto grado del peligro de contraer ciertas neurosis; la aceptación de la neurosis universal lo dispensa de la tarea de plasmar una neurosis personal…”

[12] Freud en El porvenir de una ilusión: “…lo característico de la ilusión es que siempre deriva de deseos humanos… se aproxima a la idea delirante de la psiquiatría… pero la ilusión no necesariamente es falsa, irrealizable o contradictoria a la realidad…”

[13] En Tótem y Tabú: “…Mientras que la prohibición es claramente consciente, la tendencia prohibida, que perdura insatisfecha, es por completo inconsciente y el sujeto la desconoce en absoluto. Si así no fuera, no podría la ambivalencia mantenerse durante tanto tiempo ni producir las manifestaciones a que acabamos de referirnos…”. Y en ese escrito más adelante: “…La ambivalencia inherente a estas relaciones se manifiesta en el curso ulterior del desarrollo humano por dos corrientes opuestas, pero procedentes de la misma fuente: el temor a los demonios y a los aparecidos y el culto a los antepasados…”

[14] Y en El malestar de la cultura: “…En el curso de la labor analítica hemos aprendido, para gran sorpresa nuestra, que quizá toda neurosis oculte cierta cantidad de sentimiento de culpabilidad inconsciente, el cual a su vez refuerza los síntomas al utilizarlo como castigo. Cabría formular, pues, la siguiente proposición: cuando un impulso instintual sufre la represión, sus elementos libidinales se convierten en síntomas, y sus componentes agresivos, en sentimiento de culpabilidad…”

[15] En Moisés y la religión monoteísta. Y sigue: “…El progreso en la espiritualidad consiste en preferir los procesos intelectuales llamados superiores, o sea, los recuerdos, reflexiones, juicios, a los datos de la percepción sensorial directa…”

[16] Moisés y la religión monoteísta.

[17] Cf. Teixeira (en clase): “…moriríamos sin haber soñado, moriríamos en la plena conciencia, en la plena enajenación… el inconsciente está estigmatizado… ¿dónde queda el misterio en nosotros? Anular es traerlo a la luz de forma que no quepa otro. El inconsciente es la posibilidad de acogida al otro…”


Aquí el texto editable:

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